apoyodehistoria
  Texto religiosos
 
Una serie de textos que recogen lo que narran las obras que estudiamos.

Indice
 
Pecado original
La anunciación
El pago del tributo
Las llaves de San Pedro
La última cena
El lavatorio de los pies
El juicio final
Judith y la muerte de Holofernes
La crucifixión de Jesus (El calvario)
El anuncio a los pastores
La adoración de los Reyes Magos
La huida a Egipto
David y Goliath
El descendimiento de Jesus
La vocación de San Mateo
La conversión de Saulo (San Pablo)
El buen pastor
 
 
Pecado original
La serpiente,a que era la más astutab de todos los animales salvajes que Dios el Señor había creado, preguntó a la mujer:
–¿Así que Dios os ha dicho que no comáis del fruto de ningún árbol del jardín?
La mujer le contestó:
–Podemos comer del fruto de cualquier árbol, menos del árbol que está en medio del jardín. Dios nos ha dicho que no debemos comer ni tocar el fruto de ese árbol, porque si lo hacemos, moriremos.
Pero la serpiente dijo a la mujer:
–No es cierto. No moriréis. Dios sabe muy bien que cuando comáis del fruto de ese árbol podréis saber lo que es bueno y lo que es malo, y que entonces seréis como Dios.
La mujer vio que el fruto del árbol era hermoso, y le dieron ganas de comerlo y de llegar a tener entendimiento. Así que tomó uno de los frutos y se lo comió. Luego le dio a su esposo, y él también comió.c En aquel momento se les abrieron los ojos, y los dos se dieron cuenta de que estaban desnudos.d Entonces cosieron hojas de higuera y se cubrieron con ellas.
El hombre y su mujer oyeron que Dios el Señor andaba por el jardín a la hora en que sopla el viento de la tarde, y corrieron a esconderse de Dios entre los árboles del jardín. Pero Dios el Señor llamó al hombre y le preguntó:
–¿Dónde estás?e
10 El hombre contestó:
–Oí que andabas por el jardín, y tuve miedo porque estoy desnudo. Por eso me escondí.
11 Entonces Dios le preguntó:
–¿Y quién te ha dicho que estás desnudo? ¿Acaso has comido del fruto del árbol del que te dije que no comieras?
12 El hombre contestó:
–La mujer que me diste por compañera me dio de ese fruto, y yo lo comí.
13 Entonces Dios el Señor preguntó a la mujer:
–¿Por qué lo hiciste?
Ella respondió:
–La serpiente me engañó,f y por eso comí del fruto.
14 Entonces Dios el Señor dijo a la serpiente:
–Por esto que has hecho, maldita serás entre todos los demás animales. De hoy en adelante andarás arrastrándote, y comerás tierra. 15 Haré que tú y la mujer seáis enemigas, lo mismo que tu descendencia y su descendencia. Su descendencia te aplastará la cabeza, y tú le morderás el talón.g
16 A la mujer le dijo:
–Aumentaré tus dolores cuando tengas hijos, y con dolor los darás a luz. Pero tu deseo te llevará a tu marido, y él tendrá autoridad sobre ti.
17 Al hombre le dijo:
–Como hiciste caso a tu mujer y comiste del fruto del árbol del que te dije que no comieras, ahora la tierra va a estar bajo maldición por tu culpa;h con duro trabajoi la harás producir tu alimento durante toda tu vida. 18 La tierra te dará espinos y cardos, y tendrás que comer plantas silvestres.j 19 Te ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la misma tierra de la cual fuiste formado, pues tierra eres y en tierra te convertirás.
20 El hombre llamó Evak a su mujer, pues ella fue la madre de todos los que viven. 21 Dios el Señor hizo vestidos de pieles de animales para que el hombre y su mujer se cubrieran,l 22 y dijo: “Ahora el hombre se ha vuelto como uno de nosotros, pues sabe lo que es bueno y lo que es malo. No vaya a tomar también del fruto del árbol de la vida,m y lo coma y viva para siempre.”
23 Por eso, Dios el Señor sacó al hombre del jardín de Edén y lo puso a trabajar la tierra de la cual había sido formado. 24 Después de haber sacado al hombre, puso al oriente del jardín unos seres aladosn y una espada ardiendo que se revolvía hacia todas partes, para evitar que nadie llegara al árbol de la vida.ñ
 
La anunciación
 
26 A los seis mesesñ envió Dios al ángel Gabriel a un pueblo de Galilea llamado Nazaret,o 27 a visitar a una joven virgen llamada María que estaba comprometida para casarsep con un hombre llamado José, descendiente del rey David. 28 El ángel entró donde ella estaba, y le dijo:
–¡Te saludo,q favorecida de Dios! El Señor está contigo.
29 Cuando vio al ángel, se sorprendió de sus palabras, y se preguntaba qué significaría aquel saludo. 30 El ángel le dijo:
–María, no tengas miedo, pues tú gozas del favor de Dios. 31 Ahora vas a quedar encinta: tendrás un hijo y le pondrás por nombre Jesús.r 32 Será un gran hombre, al que llamarán Hijo del Dios altísimo: y Dios el Señor lo hará rey, como a su antepasado David, 33 y reinará por siempre en la nación de Israel. Su reinado no tendrá fin.s
34 María preguntó al ángel:
–¿Cómo podrá suceder esto, si no vivo con ningún hombre?t
35 El ángel le contestó:
–El Espíritu Santo se posará sobre tiu y el poder del Dios altísimo se posará sobre ti como una nube. Por eso, el niño que va a nacer será llamado Santo e Hijo de Dios.v 36 También tu parienta Isabel, a pesar de ser anciana, va a tener un hijo; la que decían que no podía tener hijos está encinta desde hace seis meses. 37 Para Dios no hay nada imposible.w
38 Entonces María dijo:
–Soy la esclava del Señor. ¡Que Dios haga conmigo como me has dicho!
Con esto, el ángel se fue.
 
El pago del tributo
 
El pago del impuesto para el templo
24 Cuando Jesús y sus discípulos llegaron a Cafarnaún, los que cobraban el impuesto para el templon fueron a ver a Pedro, y le preguntaron:
– ¿Tu maestro no paga el impuesto para el templo?
25 –Sí, lo paga –contestó Pedro.
Luego, al entrar Pedro en casa, Jesús se dirigió a él en primer lugar, diciendo:
– ¿Qué te parece, Simón? ¿A quiénes cobran impuestos y contribuciones los reyes de este mundo: a sus propios súbditosñ o a los extranjeros?
26 Pedro contestó:
–A los extranjeros.
–Por lo tanto –añadió Jesús–, los propios súbditos no tienen que pagar nada. 27 Pero, para que nadie se ofenda, ve al lago y echa el anzuelo. En la boca del primer pez que pesques encontrarás una moneda que será suficiente para pagar mi impuesto y el tuyo. Llévatela y págalos.
 
Las llaves de San Pedro
 
13 Cuando Jesús llegó a la región de Cesarea de Filipoh preguntó a sus discípulos:
– ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?i
14 Ellos contestaron:
–Unos dicen que Juan el Bautista; otros, que Elías,j y otros, que Jeremías o algún profeta.k
15 –Y vosotros, ¿quién decís que soy? –les preguntó.
16 Simón Pedro le respondió:
–Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios viviente.l
17 Entonces Jesús le dijo:
–Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque ningún hombre te ha revelado esto, sino mi Padre que está en el cielo. 18 Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedram voy a edificar mi iglesia;n y el poder de la muerteñ no la vencerá. 19 Te daré las llaves del reino de los cielos: lo que ates en este mundo, también quedará atado en el cielo; y lo que desates en este mundo, también quedará desatado en el cielo.o
20 Luego Jesús ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.p
 
La última cena
 
Llegó el día de la fiesta en que se comía el pan sin levadura, cuando se sacrificaba el cordero de Pascua.d Jesús envió a Pedro y a Juan, diciendo:
–Id a prepararnos la cena de Pascua.
Ellos le preguntaron:
–¿Dónde quieres que la preparemos?
10 Jesús les contestó:
–Al entrar en la ciudad encontraréis a un hombre que lleva un cántaro de agua;e seguidle hasta la casa donde entre 11 y decidle al dueño de la casa: ‘El Maestro pregunta: ¿Cuál es la sala donde he de comer con mis discípulos la cena de Pascua?’ 12 Él os mostrará en el piso alto una habitación grande y arreglada: preparad allí la cena.f
13 Fueron, pues, y lo encontraron todo como Jesús les había dicho, y prepararon la cena de Pascua.g
14 Cuando llegó la hora,h Jesús y los apóstoles se sentaroni a la mesa. 15 Él les dijo:
–¡Cuánto he deseado celebrar con vosotros esta cena de Pascua antes de mi muerte! 16 Porque os digo que no volveré a celebrarla hasta que se cumpla en el reino de Dios.j
17 Entonces tomó en sus manos una copa,k y habiendo dado gracias a Dios dijo:
–Tomad esto y repartidlo entre vosotros; 18 porque os digo que no volveré a beber del fruto de la vid hasta que venga el reino de Dios.
19 Después tomó el pan en sus manos, y habiendo dado gracias a Dios lo partió y se lo dio a ellos, diciendo:
–Esto es mi cuerpo,l entregado a muerte en favor vuestro. Haced esto en memoria de mí.
20 Lo mismo hizo con la copa después de la cena, diciendo:
–Esta copa es el nuevo pacto confirmado con mi sangre,m la cual es derramada en favor vuestro. 21 Pero mirad, la mano del que me va a traicionar está aquí, con la mía, sobre la mesa.n 22 Pues el Hijo del hombre ha de recorrer el camino que se le ha señalado,ñ pero ¡ay de aquel que le traiciona!
23 Entonces comenzaron a preguntarse unos a otros quién sería el traidor.
 
El lavatorio de los pies
 
 Era la víspera de la fiesta de la Pascua.b Jesús sabía que le había llegado la horac de dejar este mundo para ir a reunirse con el Padre. Él siempre había amado a los suyos que estaban en el mundo, y así los amó hasta el fin.d
2-4 El diablo ya había metido en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, la idea de traicionar a Jesús. Durante la cena,e Jesús, sabiendo que había venido de Dios, que volvía a Diosf y que el Padre le había dado toda autoridad,g se levantó de la mesa, se quitó la ropa exterior y se puso una toalla a la cintura. Luego vertió agua en una palangana y comenzó a lavar los pies de los discípulosh y a secárselos con la toalla que llevaba a la cintura.
Cuando iba a lavar los pies a Simón Pedro, este le dijo:
–Señor, ¿vas tú a lavarme los pies?
Jesús le contestó:
–Ahora no entiendes lo que estoy haciendo, pero más tarde lo entenderás.
Pedro dijo:
–¡Jamás permitiré que me laves los pies!
Respondió Jesús:
–Si no te los lavo no podrás ser de los míos.
Simón Pedro le dijo:
–¡Entonces, Señor, no solo los pies, sino también las manos y la cabeza!i
10 Pero Jesús le respondió:
–El que está recién bañado no necesita lavarse más que los pies,j porque todo él está limpio. Y vosotros estáis limpios,k aunque no todos.
11 Dijo: “No estáis limpios todos”, porque sabía quién le iba a traicionar.
12 Después de lavarles los pies, Jesús volvió a ponerse la ropa exterior, se sentó de nuevo a la mesa y les dijo:
–¿Entendéis lo que os he hecho? 13 Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y tenéis razón porque lo soy. 14 Pues si yo, el Maestro y Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros.l 15 Os he dado un ejemplo para que vosotros hagáis lo mismo que yo os he hecho.m 16 Os aseguro que ningún sirviente es más que su señorn y ningún enviado es más que el que lo envía. 17 Dichosos vosotros, si entendéis estas cosas y las ponéis en práctica.
18 “No me estoy refiriendo a todos vosotros: yo sé a quiénes he escogido. Pero tiene que cumplirse lo que dice la Escritura: ‘El que come conmigo se ha vuelto contra mí.’ñ 19 Os digo esto de antemano, para que, cuando suceda, creáis que yo soy.o 20 Os aseguro que quien recibe al que yo envío me recibe a mí, y quien me recibe a mí recibe al que me ha enviado.”p
 
El juicio final
 
11 Vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él.l Ante su presencia desaparecieron completamente la tierra y el cielo, y no se los volvió a ver por ninguna parte.12 Y vi los muertos, grandes y pequeños, de pie delante del trono; y fueron abiertos los libros, y también otro libro, que es el libro de la vida.m Los muertos fueron juzgados de acuerdo con sus hechos, descritos en aquellos libros.n 13 El mar entregó sus muertos, y el reino de la muerteñ entregó los muertos que había en él; y todos fueron juzgados, cada uno conforme a lo que había hecho. 14 Después el reino de la muerte fue arrojado al lago de fuego.o Este lago de fuego es la muerte segunda.p 15 Y allí fueron arrojados los que no tenían su nombre escrito en el libro de la vida.
Vi después un cielo nuevo y una tierra nueva;a el primer cielo y la primera tierra habían dejado de existir,b y también el mar.c
 
Judith y la muerte de Holofernes
 
 Cuando se hizo tarde, los servidores de Holofernes se retiraron rápidamente. Bagoas cerró la tienda desde fuera, e hizo salir de la presencia de su señor a los que estaban allí. Todos se fueron a dormir, pues estaban cansados, porque el banquete había durado mucho tiempo. Judit quedó sola en la tienda, y Holofernes, completamente borracho, estaba echado en la cama. Judit había dicho a su criada que se quedara fuera de la tienda en la que ella estaba, y que esperase allí hasta que saliera ella como todos los días, pues había dicho que saldría a orar. A Bagoas le había dicho lo mismo. Todos se habían retirado y ya nadie quedaba en la tienda. Entonces Judit se puso de pie junto a la cama de Holofernes, y dijo interiormente: “Señor, Dios de todo poder, mira favorablemente lo que voy a hacer en este momento para gloria de Jerusalén. Este es el momento de ayudar a tu pueblo y de realizar mis planes para perdición de los enemigos que se han levantado contra nosotros.”a Se dirigió luego al soporte de la cama que estaba a la cabecera de Holofernes, descolgó la espada que él tenía allí y, acercándose a la cama, le agarró la cabeza por el pelo y dijo: “¡Dame fuerzas, Señor, Dios de Israel, en este momento!” Descargó entonces dos fuertes golpes en el cuello de Holofernes y le cortó la cabeza.b Hizo rodar de la cama el cuerpo y desprendió de sus soportes el pabellón. En seguida salió y entregó a su criada la cabeza de Holofernes, 10 y ella la metió en el costal de las provisiones de Judit. Luego salieron las dos a orar, como acostumbraban hacer. Atravesaron el campamento, rodearon el valle y subieron al monte de Betulia hasta llegar a las puertas de la ciudad.
 
La crucifixión de Jesus (El calvario)
 
26 Cuando llevaban a crucificar a Jesús, echaron mano de un hombre de Cirene llamado Simón, que venía del campo, y le hicieron cargar con la cruz y llevarla detrás de Jesús.l
27 Mucha gente y muchas mujeres que lloraban y gritaban de dolor por él, le seguían. 28 Jesús las miró, y les dijo:
–Mujeres de Jerusalén, no lloréis por mí, sino por vosotras mismas y por vuestros hijos.m 29 Porque vendrán días en que se dirá: ‘¡Dichosas las que no pueden tener hijos, los vientres que nunca concibieron y los pechos que no dieron de mamar!’n 30 Y entonces comenzará la gente a decir a los montes: ‘¡Caed sobre nosotros!’, y a las colinas: ‘¡Escondednos!’ñ 31 Porque si con el árbol verde hacen todo esto, ¿qué no harán con el seco?o
32 También llevaban a dos malhechores, para matarlos junto con Jesús. 33 Cuando llegaron al sitio llamado de la Calavera,p crucificaron a Jesús y a los dos malhechores, uno a su derecha y otro a su izquierda. 34 [Jesús dijo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.”]q
Los soldados echaron suertes para repartirse entre sí la ropa de Jesús.r 35 La gente estaba allí mirando; y hasta las autoridades se burlaban de él diciendo:
–Salvó a otros; ¡que se salve a sí mismo ahora, si de veras es el Mesías de Dios y su escogido!
36 Los soldados también se burlaban de Jesús. Se acercaban a él y le daban a beber vino agrio,s 37 diciéndole:
–¡Si eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo!
38 Y sobre su cabeza había un letrero que decía: “Este es el Rey de los judíos.”
39 Uno de los malhechores allí colgados le insultaba, diciéndole:
–¡Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y sálvanos a nosotros!
40 Pero el otro reprendió a su compañero diciendo:
–¿No temes a Dios, tú que estás sufriendo el mismo castigo? 41 Nosotros padecemos con toda razón, pues recibimos el justo pago de nuestros actos; pero este no ha hecho nada malo.
42 Luego añadió:
–Jesús, acuérdate de mí cuando comiences a reinar.
43 Jesús le contestó:
–Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso.t
 
El anuncio a los pastores
 
Cerca de Belén había unos pastores que pasaban la noche en el campo cuidando sus ovejas.j De pronto se les apareció un ángel del Señor, la gloria del Señor brilló alrededor de ellos y tuvieron mucho miedo. 10 Pero el ángel les dijo: “No tengáis miedo, porque os traigo una buena noticia que será motivo de gran alegría para todos:11 Hoy os ha nacido en el pueblo de David un salvador,k que es el Mesías,l el Señor.m 12 Como señal, encontraréis al niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.”
13 En aquel momento, junto al ángel, aparecieron muchos otros ángeles del cielo que alababan a Dios y decían:
14 “¡Gloria a Dios en las alturas! ¡Paz en la tierra entre los hombres que gozan de su favor!”n
15 Cuando los ángeles se volvieron al cielo, los pastores comenzaron a decirse unos a otros:
–Vamos, pues, a Belén, a ver lo que ha sucedido y que el Señor nos ha anunciado.
16 Fueron corriendo y encontraron a María, a José y al niño acostado en el pesebre. 17 Al verlo se pusieron a contar lo que el ángel les había dicho acerca del niño, 18 y todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores. 19 María guardaba todo esto en su corazón,ñ y lo tenía muy presente. 20 Los pastores, por su parte, regresaron dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían visto y oído, pues todo sucedió como se les había dicho.
 
La adoración de los Reyes Magos
 
Jesús nació en Belén,a un pueblo de la región de Judea, en el tiempo en que Herodesb era rey del país. Llegaron por entonces a Jerusalén unos sabios de Oriente que se dedicaban al estudio de las estrellas,c y preguntaron:
–¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque vimos su estrellad en el orientee y hemos venido a adorarle.
El rey Herodes se inquietó mucho al oir esto, y lo mismo les sucedió a todos los habitantes de Jerusalén. Mandó llamar a todos los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la ley,f y les preguntó dónde había de nacer el Mesías.g Ellos le respondieron:
–En Belén de Judea, porque así lo escribió el profeta:
‘En cuanto a ti, Belén, de la tierra de Judá,
no eres la más pequeña
entre las principales ciudadesh de Judá;
porque de ti saldrá un gobernante
que guiarái a mi pueblo Israel.’j
Entonces llamó Herodes en secreto a los sabios de Oriente, y se informó por ellos del tiempo exacto en que había aparecido la estrella. Luego los envió a Belén y les dijo:
–Id allá y averiguad cuanto podáis acerca de ese niño; y cuando lo encontréis, avisadme, para que yo también vaya a adorarlo.
Con estas indicaciones del rey, los sabios se fueron. Y la estrella que habían visto salirk iba delante de ellos, hasta que por fin se detuvo sobre el lugar donde se hallaba el niño. 10 Al ver la estrella, los sabios se llenaron de alegría. 11 Luego entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre. Y arrodillándose, lo adoraron. Abrieron sus cofres y le ofrecieron oro, incienso y mirra.l 12 Después, advertidos en sueños de que no volvieran a donde estaba Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.
 
La huida a Egipto
 
13 Cuando ya los sabios se habían ido, un ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto. Quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.”
14 José se levantó, tomó al niño y a su madre y salió de noche con ellos camino de Egipto, 15 donde estuvieron hasta que murió Herodes. Esto sucedió para que se cumpliese lo que el Señor había dicho por medio del profeta: “De Egipto llamé a mi hijo.”m
 
David y Goliath
 
Los filisteos juntaron sus ejércitos para la guerra y se reunieron en Socó, pueblo que pertenece a Judá, acampando en Efes-damim, entre Socó y Azecá.a A su vez, Saúl y los israelitas se reunieron y acamparon en el valle de Elá,b preparándose para presentar batalla a los filisteos. Estos tenían sus posiciones en un monte y los israelitas en otro, quedando separados por el valle. De pronto, de entre las filas de los filisteos salió un guerrero como de tres metros de estatura. Se llamaba Goliat y era de la ciudad de Gat.c En la cabeza llevaba un casco de bronce, y sobre su cuerpo una coraza, también de bronce, que pesaba cincuenta y cinco kilos. Del mismo metal eran las placas que le protegían las piernas y la jabalina que llevaba al hombro. El asta de su lanza era como un rodillo de telar, y su punta de hierro pesaba más de seis kilos. Delante de él iba su ayudante. Goliat se detuvo y dijo a los soldados israelitas:
–¿Para qué habéis salido en orden de combate? Puesto que yo soy filisteo y vosotros estáis al servicio de Saúl, elegid a uno de entre vosotros para que baje a luchar conmigo. Si es capaz de pelear conmigo y vencerme, nosotros seremos vuestros esclavos; pero si yo le venzo, vosotros seréis nuestros esclavos. 10 En este día, yo lanzo este desafío al ejército de Israel: ¡Dadme un hombre para que luche conmigo!
11 Al oir Saúl y todos los israelitas las palabras del filisteo, perdieron el ánimo y se llenaron de miedo.
12 Había un hombre de Belén llamado Jesé, que en tiempos de Saúl era ya de edad muy avanzada.d Este hombre tenía ocho hijos, uno de los cuales era David. 13-14 Sus tres hijos mayores, Eliab, Abinadab y Samá, se habían ido ya con Saúl a la guerra. David, que era el menor, 15 iba al campamento de Saúl, y volvía a Belén para cuidar las ovejas de su padre.
16 Mientras tanto, aquel filisteo salía a provocar a los israelitas por la mañana y por la tarde, y así lo estuvo haciendo durante cuarenta días.
17 Un día, Jesé dijo a su hijo David:
–Toma unos veinte litros de este trigo tostado, y estos diez panes, y llévalos pronto al campamento, a tus hermanos. 18 Llévate también estos diez quesos para el comandante del batallón. Mira cómo están tus hermanos y tráeme algo que pruebe que se encuentran bien.
19 Mientras tanto, Saúl y los hermanos de David y todos los israelitas estaban en el valle de Elá luchando contra los filisteos.
20 Al día siguiente, David madrugó y, dejando las ovejas al cuidado de otro, se puso en camino llevando consigo las provisiones que le entregó Jesé. Cuando llegó al campamento, el ejército se disponía a salir a la batalla y lanzaba gritos de guerra. 21 Los israelitas y los filisteos se alinearon frente a frente. 22 David dejó lo que llevaba al cuidado del encargado de armas y provisiones, y corriendo a las filas se metió en ellas para preguntar a sus hermanos cómo estaban. 23 Mientras hablaba con ellos, aquel guerrero filisteo llamado Goliat, de la ciudad de Gat, salió de entre las filas de los filisteos y volvió a desafiar a los israelitas como lo había estado haciendo hasta entonces. David lo oyó.
24 En cuanto los israelitas vieron a aquel hombre, se llenaron de terror y huyeron de su presencia, 25 diciendo: “¿Habéis visto al hombre que ha salido? ¡Ha venido a desafiar a Israel! A quien sea capaz de vencerle, el rey le dará muchas riquezas, le dará su hija como esposa y liberará a su familia de pagar tributos.”
26 Entonces David preguntó a los que estaban a su lado:
–¿Qué darán al hombre que mate a ese filisteo y borre esta ofensa de Israel? Porque, ¿quién es ese filisteo paganoe para desafiar así al ejército del Dios viviente?
27 Ellos respondieron lo mismo que antes habían dicho acerca de lo que darían a quien matara a Goliat. 28 Pero Eliab, el hermano mayor de David, que le había oído hablar con aquellos hombres, se enfureció con él y le dijo:
–¿A qué has venido aquí? ¿Con quién dejaste esas pocas ovejas que están en el desierto? Yo conozco tu atrevimiento y tus malas intenciones, que solamente has venido para ver la batalla.
29 –Pero ¿qué he hecho ahora –contestó David–, si apenas he hablado?
30 Luego se apartó de su hermano, y al preguntarle a otro, recibió la misma respuesta. 31 Algunos que oyeron las preguntas de David, fueron a contárselo a Saúl, y este lo mandó llamar. 32 Entonces David dijo a Saúl:
–Nadie debe desanimarse por culpa de ese filisteo, porque yo, un servidor de Su Majestad, iré a pelear contra él.
33 –No puedes ir tú solo a luchar contra ese filisteo –contestó Saúl–, porque aún eres muy joven. En cambio, él es hombre de guerra desde su juventud.
34 David contestó:
–Cuando yo, el servidor de Su Majestad, cuidaba las ovejas de mi padre, si un león o un oso venía y se llevaba una oveja del rebaño, 35 iba detrás de él y se la quitaba del hocico; y si se volvía para atacarme, lo agarraba por la quijada y lo golpeaba hasta matarlo. 36 Ya fuera un león o un oso, este servidor de Su Majestad lo mataba. Y a ese filisteo pagano le va a pasar lo mismo, porque ha desafiado al ejército del Dios viviente. 37 El Señor, que me ha librado de las garras del león y del oso, también me librará de las manos de ese filisteo.
Entonces Saúl le dijo:
–Anda, pues, y que el Señor te acompañe.
38 Luego hizo Saúl que vistieran a David con la misma ropa que él usaba, y que le pusieran un casco de bronce en la cabeza y lo cubrieran con una coraza.39 Finalmente, David se colgó la espada al cinto, sobre su ropa, y trató de andar así, porque no estaba acostumbrado a todo aquello. Pero en seguida dijo a Saúl:
–No puedo andar con esto encima, porque no estoy acostumbrado.
Entonces se lo quitó todo, 40 tomó su bastón, escogió cinco piedras lisas del arroyo, las metió en la bolsa que traía consigo y, con su honda en la mano, se enfrentó con el filisteo. 41 El filisteo, a su vez, se acercaba poco a poco a David. Delante de él iba su ayudante. 42 Cuando el filisteo miró a David y vio que era joven, de piel sonrosada y bien parecido,f no le tomó en serio, 43 sino que le dijo:
–¿Acaso soy un perro, para que vengas a atacarme con palos?
Y en seguida maldijo a David en nombre de su dios. 44 Además le dijo:
–¡Ven aquí, que voy a dar a comer tu carne a las aves del cielo y a las fieras!
45 David le contestó:
–Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina, pero yo voy contra ti en nombre del Señor todopoderoso, el Dios de los ejércitos de Israel, a los que tú has desafiado. 46 Ahora el Señor te entregará en mis manos, y hoy mismo te mataré y te cortaré la cabeza, y los cadáveres del ejército filisteo se los daré a las aves del cielo y a las fieras. Así todo el mundo sabrá que hay un Dios en Israel;g 47 todos los aquí reunidos sabrán que el Señor no salva con espada ni con lanza. Esta batalla es del Señor, y él os entregará en nuestras manos.
48 El filisteo se levantó y salió al encuentro de David, quien, a su vez, rápidamente se dispuso a hacer frente al filisteo: 49 metió su mano en la bolsa, sacó una piedra y, arrojándola con la honda contra el filisteo, le hirió en la frente. Con la piedra clavada en la frente, el filisteo cayó de cara al suelo. 50 Así fue como David venció al filisteo: tan solo con una honda y una piedra lo hirió de muerte. Luego, como David no llevara espada, 51 corrió junto al filisteo y le arrebató la suya; la desenvainó, lo remató y le cortó con ella la cabeza.
Cuando los filisteos vieron muerto a su mejor guerrero, salieron huyendo. 52 Entonces los hombres de Israel y de Judá, lanzando gritos de guerra, salieron a perseguirlos hasta la entrada de Gath y las puertas de Ecrón.i Por todo el camino que va de Saaraim a Gat y Ecrón se veían cadáveres de soldados filisteos.
53 Después de haber perseguido a los filisteos, los israelitas volvieron y saquearon su campamento. 54 Entonces David tomó la cabeza del filisteo y la llevó a Jerusalén;jpero las armas las puso en su tienda de campaña.
55 Saúl, viendo que David salía al encuentro del filisteo, había preguntado a Abner, general de su ejército:k
–Abner, ¿quién es el padre de ese muchacho?
56 –Juro a Su Majestad que no lo sé –respondió Abner.
–Pues encárgate de averiguarlo –dijo el rey.
57 Por eso, cuando David volvía de matar al filisteo trayendo aún su cabeza en la mano, Abner lo tomó y lo llevó ante Saúl, 58 que le preguntó:
–Dime, muchacho, ¿de quién eres hijo?
David respondió:
–Soy hijo de Jesé, el de Belén, servidor de Su Majestad.
 
El descendimiento de Jesus
 
38 Después de esto, José, el de Arimatea,x pidió permiso a Pilato para llevarse el cuerpo de Jesús. José era un seguidor de Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos. Pilato le dio permiso, y José fue y se llevó el cuerpo. 39 También Nicodemo, el que una noche fue a hablar con Jesús,y llegó con unos treinta kilosz de perfume de mirra y áloe.a 40 José y Nicodemo, pues, tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron con vendas empapadas en aquel perfume, según acostumbraban hacer los judíos para enterrar a sus muertos. 41 En el lugar donde crucificaron a Jesús había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo,b donde todavía no se había depositado a nadie.42 Allí pusieron el cuerpo de Jesús, porque el sepulcro estaba cerca y porque ya iba a empezar el sábado de los judíos.c
 
La vocación de San Mateo
 
Después de esto, Jesús salió y se fijó en uno de los que cobraban impuestos para Roma. Se llamaba Levím y estaba sentado en el lugar donde cobraba los impuestos. Jesús le dijo:
–Sígueme.
28 Entonces Leví se levantó, y dejándolo todo siguió a Jesús.
29 Más tarde, Leví hizo en su casa una gran fiesta en honor de Jesús; y muchos de los que cobraban impuestos para Roma, junto con otras personas, estaban sentados con ellos a la mesa. 30 Pero los fariseos y los maestros de la ley pertenecientes a este partido comenzaron a criticar a los discípulos de Jesús. Les decían:
–¿Por qué coméis y bebéis con los cobradores de impuestos y los pecadores?n
31 Jesús les contestó:
–Los que gozan de buena salud no necesitan médico, sino los enfermos. 32 Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan a Dios.
 
La conversión de Saulo (San Pablo)
 
Mientras tanto, Sauloa no dejaba de amenazar de muerte a los creyentes en el Señor. Por eso, se presentó al sumo sacerdote y le pidió cartas de autorizaciónb para ir a las sinagogas de Damasco, a buscar a los seguidores del nuevo camino,c hombres y mujeres, y llevarlos presos a Jerusalén. Pero cuando ya se encontraba cerca de la ciudad de Damasco le envolvió de repente una luz que venía del cielo. Saulo cayó al suelo y oyó una voz que le decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”d
Saulo preguntó: “¿Quién eres, Señor?”
La voz le contestó: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues.e Levántate y entra en la ciudad: allí te dirán lo que debes hacer.”
Los que viajaban con Saulo estaban muy asustados, porque habían oído la voz pero no habían visto a nadie. Luego Saulo se levantó del suelo, pero cuando abrió los ojos no podía ver. Así que le cogieron de la mano y le llevaron a Damasco, donde estuvo tres días sin ver y sin comer ni beber.
10 En Damasco vivía un creyente llamado Ananías, a quien el Señor se presentó en una visión y le dijo: “¡Ananías!” Él contestó: “Aquí estoy, Señor.”
11 El Señor le dijo: “Levántate y ve a la calle llamada Derecha,f y en la casa de Judas pregunta por un hombre de Tarsog que se llama Saulo. Está orando, 12 y en una visión ha visto a uno llamado Ananías que entra y pone sus manos sobre él para que recobre la vista.”
13 Al oir esto, Ananías dijo: “Señor, muchos me han hablado de ese hombre y de todos los males que ha causado en Jerusalén a tu pueblo santo. 14 Y ahora ha venido aquí, con autorización de los jefes de los sacerdotes, a llevarse presos a todos los que invocan tu nombre.”
15 Pero el Señor le dijo: “Ve, porque he escogido a ese hombre para que hable de mí a gentes de otras naciones,h y a sus reyes, y también a los israelitas. 16 Yo le mostraré lo mucho que tiene que sufrir por mi causa.”i
17 Ananías fue a la casa donde estaba Saulo. Entró, puso sus manos sobre élj y le dijo:
–Hermano Saulo, el Señor Jesús, el que se te apareció en el camino por donde venías, me ha mandado para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo.
18 Al momento cayeron de los ojos de Saulo una especie de escamas y recobró la vista. Entonces se levantó y fue bautizado. 19 Después comió y recobró las fuerzas, y se quedó algunos días con los creyentes que vivían en Damasco.
 
El buen pastor
 
Todos los que cobraban impuestos para Roma, y otras gentes de mala fama, se acercaban a escuchar a Jesús. Y los fariseos y maestros de la ley le criticaban diciendo:
–Este recibe a los pecadoresb y come con ellos.c
Entonces Jesús les contó esta parábola: “¿Quién de vosotros, si tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las otras noventa y nueve en el campo y va en busca de la oveja perdida, hasta encontrarla?d Y cuando la encuentra la pone contento sobre sus hombros, y al llegar a casa junta a sus amigos y vecinos y les dice: ‘¡Felicitadme, porque ya he encontrado la oveja que se me había perdido!’e Os digo que hay también más alegría en el cielo por un pecador que se convierte,f que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirseg .
 
 
 
 
   
 
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